Mirá, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre ¿No me prestás tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas?

jueves, 8 de marzo de 2012

Es una hembra, un poco moza, disfrazada de pavorreal, que llena por sobre su vestido las cualidades consideradas femeninas por excelencia, y no llamada así para indicar asombro o con un matiz conciliador.
Admirada por rectitud de carácter, por integridad moral o por sus habilidades.
Y cada tanto se le llena el alma (a punto explote) cuando le emerge un poder moral: fuerza. No es la fuerza que hace resistir un codazo o un revés, ni esa virtud natural que las cosas tienen en sí, sino la porción o el puñado de valentías apiñadas unas a las otras, desde la planta de los pies hasta la coronilla. Es una fuerza privada, condicionada de moralejas animales, que saca la cabecilla a flote cuando la oscilación es evidente. Entra y sale de reposo constantemente; duerme y baila. Se enfrenta y no maquilla. Prevalece (guardadita o no).
Se le dice mina. No es propia de la artillería ni disciplinas afines que provoquen explosiones, pero cada tanto hace explosión debido a: extracción de riquezas, saqueo en provecho propio de las las cualidades, opresión, o incluso, cuando la influencia es vil.
No es sólo es revestimiento de la piel suave y el acomodamiento corporal de tal y cual manera sino, también, esa lucha interna, histórica- cultural o íntima, de siempre.
Es una femenina, un poco moza, disfrazada de caramelo que crece en su nicho de polvo de estrellas. Con características similares a otras, pero construidas en el pico de una montaña donde se es posible gritar desde lo alto.
Mujer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario